domingo, 9 de febrero de 2014

Emociones Surrealistas













Un paseo Surrealista fue el que me permitió disfrutar el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid el pasado mes de enero. La exposición de "El Surrealismo y el sueño" estuvo presente desde el 8 de octubre hasta el 12 de enero y, como asistí el último día, me fue imposible repetir. Aunque fue quizás esta fugacidad y singularidad de lo que presencié lo que me dejó este increíble sabor de boca que me introdujo aún más en este mundo tan apasionaste del Surrealismo.
Desde artistas conocidos por muchos como Luis Buñuel, Salvador Dalí, Man Ray o Miró hasta otros no tan conocidos y que se han convertido en objeto de admiración para mi: Victor Brauner, Dora Maar, Remedios Varo, Jaques André Boiffard...

Nada más acceder al interior te encuentras con el típico mostrador que ofrece esos telefonitos con aspecto futurista que al parecer son el no va más del conocimiento y por un módico precio compras a tu cerebro nuevos conocimientos acerca de lo que estás viendo, porque claro, para que vas a pensar tú que eres un simple mirón, mejor que te lo den todo "hecho".
Y digo "hecho" porque a mi parecer el Surrealismo se llama así por ser irracional, no real, onírico y soy algo reacia a pensar que todas y cada una de las obras que pertenecen a esta corriente tienen una explicación racional del tipo: "Las lineas que atraviesan las figuras superpuestas de la esquina inferior derecha son un mensaje del autor con respecto a su inconformismo con la sociedad de la época". Pues no. Yo creo que esas líneas están ahí porque el autor las imaginó así, porque las soñó o simplemente porque le apeteció ponerlas ahí, y por eso las puso. Por supuesto no quiero decir que no tengan significado alguno o que el autor no quiera decir nada con ellas. Es más, disfruto como el que más intentando descifrarlo. Sólo Creo que algunas lo tienen y otras no lo tienen. 


Al principio la sensación de despiste es total, disfrutas con lo que estás viendo y sin duda es placentero pero no sabes muy bien que estás viendo. Sin embargo según avanza la exposición este despiste es el propio causante del placer pues aprendes a darle significado y sentido a cada obra que presencias. Y si no se lo das aún mejor pues es un lujo para la vista.

Uno de los artistas que más me llamó la atención fue Victor BraunerPara ser sincera, al acabar no recordaba ni un sólo cuadro de él. Es posible que fuera porque vi otros 2000 y tenía todo un poco borroso. Sin embargo conservé su nombre (por algo sería) así que en cuanto pude, busqué todo lo que pude acerca de su obra y me encontré con una curiosa historia que puede servirme de apoyo en lo que pretendo argumentar:

Obviando detalles biográficos, Brauner fue un artista rumano que se introdujo con el tiempo en este mundo del surrealismo a través de vínculos como André Breton, el principal exponente del Surrealismo. Según la historia más extendida, en 1938 Brauner asistió de visita al taller de Óscar Dominguez (también presente en esta exposición). Mientras se encontraba allí se desató una pelea en la que éste último arrojó un vaso a otro artista de esta misma corriente, con la mala fortuna de que el vaso encontró su muro en el ojo de Victor brauner, el cual acabó finalmente desapareciendo. Una historia simple, si no fuera porque siete años antes el pintor rumano realizó un retrato (izquierda) en el que aparecía sin uno de sus ojos y en otras de sus obras se pueden apreciar también personajes con alguna característica especial en sus ojos.


Está demás añadir entonces, que si no existieran las fechas y la historia, el telefonito habría añadido a nuestro conocimiento que Víctor Brauner condujo muchas de sus obras hacia la descripción de un episodio fatídico de su vida que fue la pérdida de uno de sus ojos.

Si algo hay que destacar del Surrealismo entre otras cosas y con respecto a otras corrientes, es que éste sigue muy presente en nuestra sociedad actual. Si otras corrientes artísticas han pasado a mejor vida, sólo recordadas en enciclopedias de quién sabe cuantas entregas, el surrealismo sigue presente en todas las artes, ya sea por la creación de nuevas herramientas o por la herencia de las ya conocidas. No hace falta nombrar pues a uno de sus máximos representantes en el cine de la actualidad como es David Lynch con obras tan personales e inexplicables como "Eraserhead".


Al margen de cualquier mensaje que Lynch esté enviando con esta película (en el caso de que lo esté haciendo), al margen de cualquier prolijo análisis sobre los mecanismos y códigos formales que construyen un supuesto significado oculto que sólo el director y algunas mentes privilegiadas conocen, al margen de la suposición, nos quedan las emociones. Las emociones que ofrece el Surrealismo son especiales e irreductibles a un análisis textual. Existe una tendencia cada vez más presente en la sociedad, en las universidades, en los individuos que conduce a una explicación de los sentimientos. Propongo de esta manera un despojo de cualquier convención social, de cualquier modo de explicación del arte. Propongo mirar y disfrutar. Esta obra de Lynch así como muchas de las que estuvieron presentes en el museo Thyssen son más disfrutables interactuando con ellas como si de una melodía se tratara. Una sinfonía no se descompone y se analiza en partes esperando encontrar una historia perdida. Eraserhead alcanza las entrañas del espectador con su ambiente onírico y demente. La mano concha de Dora Maar esboza una sonrisa y eleva una ceja al mismo tiempo. La miel es más dulce que la sangre de Dalí hipnotiza y encandila. 
En lo que a mí respecta, el mayor disfrute se encuentra nada más y nada menos en la ignorancia consentida. Esa actitud que adopto en la que me obligo a no preguntarme "por qué" sobre una foto de Man Ray o un Collage de Dora Maar. En la que no converso con el arte buscando un diálogo de preguntas y respuestas. En la que sólo me habla la obra, dejando que me engañe, que me fascine o que me espante.


KAREL TEIGE



DORA MAAR

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