sábado, 29 de marzo de 2014

LITERATURA HISPANOAMERICANA (Del S.XX)



(Recolección, selección y resumen de la información proporcionada en aula global y las clases magistrales)

En cuanto al contexto de manera muy breve, son frecuentes a inicios del siglo XX los contactos de los artistas con la vanguardia europea, al tiempo que se van formando también vanguardias propias que intentan romper con el pasado de una tradición ya escasamente representativa. Fue tal la importancia de estos autores, que su producción influyó en numerosos países fuera del continente, entre ellos España.


1.      Abordando la época de las vanguardias.

La narrativa va a tener como centro relatos en los que se aborda la temática dela lucha del hombre con la naturaleza, una novela de la tierra en la que se destacan obras como La vorágine o Don Segundo sombra.
En cuanto a la poesía,  una de las principales figuras de la vanguardia hispanoamericana será Vicente Huidobro quien desde 1911 se esfuerza por dejar atrás el Modernismo. Su afán de innovación va por delante de su creatividad, es decir, el manifiesto se adelanta a la poesía, como se ve en su proclama ¡Non serviam! que podría ser considerado como el inicio del Creacionismo.
En 1918 Huidobro se dirigiría a Madrid y más tarde se lanzó en Madrid el manifiesto del ultraísmo que  se resumiría atendiendo a las siguientes características:
■ Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora
■ Tachadura de las frases medianeras, los nexos y los adjetivos inútiles
■ Abolición de los trebejos ornamentales, el confesionalismo, la circunstanciación, las prédicas, la nebulosidad rebuscada.
■ Síntesis de dos o más imágenes en una, que ensancha de ese modo su facultad de sugerencia.
■ Cada poema consta de una serie de metáforas, cada una de las cuales tiene sugestividad propia y compendiza (sic) una visión inédita de algún fragmento de la vida.




Fue uno de los máximos exponentes de la poesía chilena y sería en su biaje a París cuando entra en contacto con muchos de los integrantes de las vanguardias, influyendo en su forma de hacer poesía. Durante 12 años escribe Altazor, el que sería uno de los máximos exponentes del creacionismo. Conviene situarlo a la luz de las vanguardias del periodo entreguerras.
El estilo creador de Huidobro supone la creación de un nuevo mundo que ya no imita la naturaleza sino que crea una realidad propia. La poesía sin embargo, no se puede desligar del lenguaje referencias de la realidad, a diferencia de otros artes como la pintura. En “Altazor” el poeta quiere llevar los planteamientos creacionistas. Hay un personaje llamado Altazor, que hace un viaje en paracaídas a través del universo. Al final, el poeta acaba inventándose un lenguaje propio


Otro de los grandes escritores hispanoamericanos sería César Vallejo al que le llegarían ecos del ultraísmo y del creacionismo. En 1918 se encuentra acabando su primer libro, Los heraldos negros donde ya se detectan muchos de los rasgos de su poesía, como la entrega al experimento expresivo sin perder de vista la profunda experiencia sentimental y social, a través de un lenguaje en perpetua invención. Situado entre tradición y vanguardia, crea una expresión del dolor a través del cuerpo quebrado y las rupturas expresivas. Se ve una tragedia de lo cotidiano y el referente cristiano: la pasiób. Su segunda obra sería Trilce (1922). En este libro, uno de los elementos determinantes será la experiencia carcelaria, provocada por un asunto que lo confinó a una celda durante cuatro meses. El libro, inicialmente, no gozó de gran éxito; tampoco en la edición madrileña de 1930. Pero en Trilce, aparece una mayoría de experimentos casi no figurativos de lenguaje poético, hay un grupo mínimo de poemas abstractos, pero hasta cierto punto evidentes, en que se obtiene una imagen inteligible del mundo real en que el poeta no está implicado personalmente. Esto se detecta en el segundo poema del libro. Así, tendríamos una línea sentimental (unos veinte poemas, como Las personas mayores), una línea abstracta (unos doce poemas, como Rumbé sin novedad) y una línea hermética (unos cuarenta poemas, como A la mesa de un buen amigo).

Su tercer gran libro de poemas sería España aparta de mí este cáliz (1936-37), al que seguiría, ya póstumo, Poemas humanos. Aquí, el sentir de Vallejo no es solo personal e intimista, sino animado por una emoción social, la furiosa compasión por los pobres, los parias de la tierra…En este poemario se detectan bien influencias del existencialismo unidas a los conceptos marxistas de la alienación en el proceso económico. También podrían citarse algunos textos narrativos –El Tungsteno, Paco Yunque-, y diversos artículos periodísticos, pero de menor interés que su obra poética.


Antes de abordar el Boom Hispanoamericano, Pablo Neruda constituye otra de las voces fundamentales de la vanguardia poética hispánica. Iniciado en los primeros momentos del postmodernismo, consiguió su gran éxito en 1924, con Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en el que se combina la pasión con nítidas imágenes y con un evidente tono irónico. Su obra fue muy conocida y apreciada por los poetas españoles de la generación del 27, y el cariño fue mutuo.
Aunque desde un principio la veta social había estado presente en la obra de Neruda, esta cobra especial relevancia en libros como Tercera Residencia y Canto General.

Canto General (1950), supone un gran poema social, político e histórico comenzando a hablar de lo menos humano, la naturaleza, la geología, los mares, los ríos, las plantas y los pájaros, y, después llega al pasado histórico. Solo se hacen visibles los conquistadores y los libertadores, algunas dispersas figuras actuales de campesinos, mineros y luchadores heroicos, así como los grandes figurones de los tiranos políticos. Con todo, puede ser leído como obra de un poeta lírico e individualista adherido a la causa de la ética colectiva.

EL BOOM LATINOAMERICANO

Contextualmente, a comienzos de los años 30, las diferentes dictaduras que se van implantando en Hispanoamérica, y la propia coyuntura económica irán agravando la tendencia al neocolonialismo, cada vez con mayor hegemonía norteamericana. La Segunda Guerra Mundial aliviará un poco la coyuntura económica, y durante la posguerra, algunas economías como la argentina o la uruguaya se encontrarán entre las más pujantes. Los Estados Unidos imponen su fuerza a través de las presiones económicas, de las intrigas políticas o, directamente, por la fuerza. Así ocurrió en la ocupación militar de la República Dominicana, en las intervenciones en Nicaragua y El Salvador, en el boicoteo a la revolución cubana o en la caída del presidente chileno, Salvador Allende.

Es sobretodo  a partir de los años 60 cuando se produce el apogeo de esta literatura latinoamericana que se extendería pronto por todo el mundo. Algunas de sus características en esta época son:
a) Se confirma la ampliación temática y, en especial, se incrementa la preferencia por la “novela urbana”.
b) La integración de lo fantástico y lo real se consolida. El “realismo mágico” es, en efecto, uno de los rasgos principales de los nuevos novelistas.
c) Profunda experimentación en las estructuras narrativas (alteración del orden narrativo clásico, saltos temporales, narraciones desde diferentes puntos de vista, capítulos inconexos...).
d) La experimentación de la novela afectará, de modo particular, al lenguaje mismo, con la superposición de estilos o registros, con distorsiones sintácticas y léxicas, con una densa utilización del lenguaje poético, etc.
Jorge Luis Borges es, probablemente, el nombre dominante en este período. Sus inicios ultraístas darán paso a una lírica de contenida sentimentalidad, con visiones cada vez más crepusculares del mundo de su niñez. Su universo se organiza en torno a un mundo de fantasía ajedrecística sobre materiales librescos, rehuyendo tanto la realidad vivida como las posibles revoluciones estéticas. El símbolo de su sistema narrativo será La biblioteca de Babel (Ficciones), donde todo está previsto y agotado en todas sus versiones, como universo finito y catalogable.Tras el primer periodo, marcadamente lírico, a mediados de los años veinte comienza una etapa de producción de ensayos (Inquisiciones, 1925), a la recensión crítica del libro inexistente hasta llegar al apólogo intelectual, su género característico. La colección Historia universal de la infamia (1935) marcará el inicio de esta época. Su libro decisivo será Ficciones (1941), seguido de El Aleph (1949), etc., hasta llegar a El hacedor (1960), o Elogio de la sombra (1969).

Julio Cortázar de origen argentino posee una obra cuyas novelas se caracterizan por su radical experimentalismo formal y por su análisis del hombre contemporáneo, con sus preocupaciones existenciales y sociopolíticas. Lo fantástico domina en Los premios
(1960), mientras que Libro de Manuel (1974) es una crítica a las dictaduras usando la técnica del collage. Su novela más célebre, Rayuela (1963), es una obra clave de la literatura hispanoamericana. Su estructura en secuencias sueltas permite distintas lecturas y, por tanto, diversas interpretaciones.

■ Otra gran figura es la de Gabriel García Márquez: Periodista y escritor colombiano, ha creado escritos con rasgos enérgicos y gran imaginación, sobre asuntos de su país, en un tono intensamente humano y patético. Sus obras más representativas son: Cien años de soledad (1967), donde crea un vasto mundo imaginativo, en el que se entrecruzan espectros familiares y sombras de imprecisa realidad con los hechos cotidianos; Crónica de una muerte anunciada (1981) o El amor en los tiempos del cólera (1985). En su obra pretende entender el porqué del destino de sus pequeños personajes pueblerinos, encontrar la clave que explique sus vidas frustradas y lo hace asomándose a la tragedia de la vida humana con cierta ironía o sarcasmo desde el humor grotesco. En cuanto a su estilo se caracteriza por su extremada concisión (influencia del periodismo, cuyos géneros -crónica, entrevista, reportaje- empleará en algunas de sus narraciones –como en Crónica de una muerte anunciada); la difusión entre los límites de la realidad y la fantasía; y la sensación de tiempo detenido. Cien años de soledad: Narra la historia de siete generaciones de una familia perseguida por un destino fatal, que resume simbólicamente la evolución sociopolítica del subcontinente, una obra maestra del realismo mágico donde lo fantástico y lo insólito se mezclan con lo cotidiano.



miércoles, 19 de marzo de 2014

"East Coker" de los cuatro cuartetos. T.S Eliot



East Coker forma parte del grupo de poemas que se incluyen en la obra de T.S. Eliot “Cuatro cuartetos” cuyo reconocimiento le valió el Premio Nobel. Los cuatro cuartetos de los que se compone la obra presentan títulos que tienen especial importancia por una u otra razón en la vida del autor. En el caso de East Coker hace referencia al lugar de Inglaterra de origen de sus antepasados antes de emigrar a América y además, expresaría más tarde su deseo de ser enterrado en este lugar.
Cada uno de los poemas puede ser individualizado en cuando a temática y forma, sin embargo todos ellos se engloban dentro de un concepto que da pie a la reflexión de T.S. Eliot. De este modo si se puede considerar un concepto o hilo común alrededor del cual giran los poemas, sería la temporalidad, el paso del tiempo y su fugacidad y en cierto modo también su banalidad. Estos cuatro cuartetos presentan un simbolismo central respectivamente, y éste es el de los cuatro elementos: Burnt Norton, que hace referencia a una casa de campo, sería la representación del aire, donde la reflexión acerca del tiempo de la que hablábamos se presenta de la forma más clara; East Coker, el lugar de procedencia de los antepasados de Eliot ya mencionados, de la tierra; Dry Savages, el nombre de un grupo de islas, se ocupa del agua y por último Little Gidding, un pueblo de Inglaterra, se ocuparía del elemento del fuego. Este último elemento tiene además especial importancia en la teoría de Heráclito donde el fuego es el arjé, el principio de todo lo existente. T.S Eliot cita al filósofo de manera que dos sentencias encabezan los poemas:

“Aunque la razón sea la misma para todos los hombres, cada uno vive como si tuviera una sabiduría propia”

“El camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo”

Aquí Eliot deja ver una muestra de su voluntad de meditación a través de les citas de Heráclito que transmiten de alguna manera un anhelo por encontrar una relación entre lo individual y lo colectivo y un punto de unión entre el camino que va y el que viene, de manera que ambos convergen en un punto dejando entrever esa alteración o reversibilidad del tiempo.

En cuanto a la estructura de las piezas, presentan todas y cada una de ellas una división en cinco partes en cada una de las cuales establece un texto homogéneo con respecto a las demás partes, pero individual en cuanto a que reflexiona acerca de diferentes subtemas que van surgiendo acerca de esta meditación sobre la temporalidad.
Sobre estas divisiones, hay que decir antes que T.S Eliot ponía especial atención en el tema de la musicalidad de la poesía como ya aclaró en La música de la poesía: “Mi propósito aquí es el de insistir en que un “poema musical” es un poema que tiene una forma, un molde musical de sonido una forma musical de los significados secundarios de las palabras que componen el poema (…) Existen posibilidades para el verso que tienen cierta analogía con el desarrollo de un tema a través de grupos diferentes de instrumentos”. Así, lo que Eliot intenta no es solo crear una musicalidad mediante la apariencia externa de las palabras, sino también mediante sus contenidos y las relaciones entre unos y otros.

East Coker, al igual que los otros tres poemas, no tiene un orden cronológico ni un argumento propiamente dicho sino que se compone de una meditación del autor en forma de poesía, no filosofía. Eliot utiliza el verso libre teniendo en cuenta su teoría de la musicalidad y conforma el poema con diversos recursos, como paralelismos,

Y lo que sabes es lo que no sabes
Y lo que posees es lo único que no posees

contraposición de ideas,

Así la oscuridad será luz, y la inmovilidad el baile

o anáforas, entre muchas otras

y un tiempo para vivir y para engendrar
y un tiempo para que el viento rompa el cristal despren­dido
y agite las tablas del suelo donde trota el ratón de campo
y agite el tapiz hecho jirones con un lema silencioso.

que dotan a la composición de un gran dinamismo y ritmo sin necesidad de recurrir a la rima y métrica clásicas.
En East Coker que sería la representación del elemento “tierra” se alude al igual que en el resto de cuartetos al tiempo y su inevitable paso. Pero más concretamente se centra en el poder cíclico del tiempo que rige la vida. Todo lo que nace de la tierra, al final acaba volviendo a ella, para dar vida a otra cosa nueva y así sucesivamente. Esta idea que se mantiene a lo largo del poema ya viene implícita en el nombre de éste “East Coker” o más bien en lo que significa. Como ya se ha mencionado pertenece al nombre de la tierra de origen de sus antepasados, en concreto uno, de la que acabó alejándose y ahora, él mismo, una nueva generación, regresa de nuevo a esta tierra como un eterno movimiento circular. El poema comienza y acaba de este modo asentando las bases de esta idea:

En mi comienzo está mi fin.
En mi fin está mi comienzo.

La frase recogida de Mary of Scots “In my end is my beginning” que hacía referencia a la herencia del trono por parte de la generación posterior, perpetuando la presencia de la sangre, es transformada por el autor “In my beginning is my end”. Así comienza la parte I. Lo que nos intenta decir de alguna manera, es que desde el nacimiento está destinado a morir, es decir, que el principio lleva implícito el final. Surge de la tierra y acaba volviendo a ella. Así mismo, cerrando el poema con la frase en el orden original repite la idea de Queen Mary. Una vez que deje de existir, otros vendrán para perpetuar la existencia. Esto puede verse también a través de los siguientes versos en los que se sirve del desarrollo de la edificación para representar que las ruinas y pedazos del tiempo pasado sirven para construir un nuevo presente, de forma continua, sin fin.

se levantan y caen casas, se desmoronan, se extienden,
se las retira, se las destruye, se las restaura, o en su lugar
hay un campo abierto, o una fábrica, o una circunvala­ción.
Vieja piedra para edificio nuevo, vieja madera para ho­gueras nuevas

A lo largo de esta I parte el yo poético ve pasar el tiempo fugazmente mientras observa la caída de la luz y cómo se le escapa de las manos. Habla del hombre y la mujer y de su paso por la tierra. La danza de la que Eliot habla es movimiento, y este movimiento se asemeja al de las vidas humanas y al pasar del tiempo que hace mella en sus vidas y del que son presos así como del ciclo vital ya mencionado.

verles bailar en torno a la hoguera
la unión de hombre y mujer


“júbilo de aquellos ya hace mucho bajo la tierra alimentando el trigo” Reafirma esa idea del ciclo vital en la que los hombres acaban por convertirse parte del suelo, de la tierra de la que provienen, cerrando el ciclo y dejando paso al nuevo comienzo. Al igual que él, para todos los hombres, en su comienzo está su fin. Están destinados a morir desde que nacieron, a acabar donde empezaron. Eliot habla de lo rústico, del campo, de la tierra, todo lo proveniente de ella, remarcando en todo momento esa pertenencia del hombre a este elemento.

La parte II comienza con las estaciones como protagonistas, siendo uno de los principales indicadores del transcurso de la vida. De algún modo parece que el verano y la primavera hacen referencia a las etapas iniciales de viveza. Hombre y mujer se juntan y se reproducen. Es el comienzo. Además la primavera ha llegado en noviembre y la nieve se adelanta. El ciclo de las estaciones se ve alterado y llega entonces una etapa de caos y desorden que lleva al fuego destructor que acabará con todo.

Qué hace el fin de noviembre
con el trastorno de la primavera
y las criaturas del calor del verano
(…) rosas tardías llenas de nieve temprana
(…) arremolinados en un vórtice que llevará
el mundo a ese fuego destructor

En mitad de la segunda parte además hace una especie de inciso y comienza a hablar de la propia poesía. La poesía le parece insuficiente e insatisfactoria para esta reflexión. Desestima además el poder de la sabiduría y su presencia en la vejez, está desengañado pues todo lo que conocemos va cambiando así como lo que enfrentamos. Dice que esta última es todo lo contrario, una etapa de confusión “La serenidad, sólo un deliberado atontamiento, la sabiduría, solo el conocimiento de secretos muertos”.
 Hay que mencionar en este momento el estilo del yo poético. Parece que hay diferentes yo que se dirigen a diferentes personas. Hay uno que parece que habla consigo mismo en varias ocasiones, aconsejándose, lamentándose o bien reflexionando “La aurora apunta, y otro día se prepara para el calor y el silencio. Mar adentro el viento de la aurora se arruga y resbala. Estoy aquí o allí, o en otro lugar. En mi comienzo”, Así que aquí estoy, por el camino de en medio, habiendo pasado veinte años”. Observamos también cómo se dirige directamente a alguien, el lector o cualquier persona perteneciente al mundo: “Dices que repito algo que he dicho antes”. Hay una especie de diálogo entre autor y lector. Otra de las cuestiones fundamentales en cuanto a quién se dirige el yo poético es el uso del vosotros sin embargo, lo que predomina y dota de mayor fuerza al texto es el uso del nosotros con una inclusión de sí mismo. Este nosotros hace al lector y a todo ser humano partícipe del texto, surge esa idea de la colectividad, aumentando el grado de implicación. Y no sólo del texto en sí, sino del contenido, del mensaje: El paso del tiempo es ineludible para todos nosotros.


En la sección III comienza hablando de la muerte. Ya no hay danzas terrenales, ni atardeceres, ni estaciones. Ahora todo es oscuridad y tinieblas. Esta oscuridad se ve por ejemplo en:

“como en un teatro se apagan las luces para cambiar de decorado“cuando un metro, en un túnel, se detiene demasiado” “cuando, bajo la anestesia”

Puede ser una referencia al misticismo en la que este letargo de oscuridad y reflexión “Dije a mi alma, calla, y deja que venga sobre ti la tiniebla, que será la tiniebla de Dios” lleva a un acercamiento a esta vida eterna, al reencuentro con Dios. La relación de T.S. Eliot con la religión y el misticismo se encuentra explícita a lo largo de su obra y a partir de este momento se hacen diversas alusiones a ambos temas, con un tono marcado por la tradición mística “Dije a mi alma, calla, y deja que venga sobre ti la ti­niebla que será la tiniebla de Dios”.

“así la oscuridad será la luz, y la inmovilidad el baile”

En este último fragmento la oscuridad entendida como muerte se convierte en algo positivo, y la inmovilidad (se presupone la inmovilidad del tiempo) y la muerte se convierten en baile, como la danza del comienzo que significa movimiento, paso de tiempo. Nos habla de llegar a través de esta mística al encuentro con Dios, a lo eterno.

Y comienza así la penúltima parte, la IV, donde Eliot imagina la Tierra como un hospital donde hay un cirujano herido y una enfermera agonizante cuyo propósito es recordar nuestra maldición y la de Adán. Así pues, Dios sería el cirujano que cura nuestra alma y al final nos es ofrecida una redención. Una redención porque al final y a pesar de todo, la muerte es bien recibida al final de la vida, esa maldición de Adán a la que Eliot hace alusión. Al final, acaba hablando del viernes santo donde se conmemora la muerte de Jesucristo, esta vez como algo positivo. En esta sección es especialmente notable la presencia de las creencias religiosas en la vida del autor y en su obra poética.


Llegamos así al final de la obra con la sección V donde vuelve a lamentarse del tiempo malgastado intentando describir con palabras cualquier expresión de sentimiento o idea, siendo para él la poesía o el intento de ésta un acto no satisfactorio como ya decía más atrás.­­­­­

veinte años casi desperdiciados, los años de l’entre deux guerres;
tratando de aprender a usar palabras

Así Eliot cierra el poema haciendo referencia al hincapié del poeta por encontrar la palabra en su poesía, que puede asemejarse por el intento del hombre por encontrar el sentido en el tiempo del que se compone la vida y las “viejas piedras que no se pueden descifrar” que pueden significar esos momentos de la historia de los que el hombre es incapaz de obtener un significado claro.

En definitiva, East Coker forma parte de una larga reflexión acerca de la temporalidad en los diferentes sentidos de la vida y en concreto acerca de esa tendencia circular, cíclica de la vida terrenal, de volver a lo que uno pertenece, con un texto repleto de relaciones simbólicas y semánticas así como  unas ricas imágenes mentales, en las que vemos la tierra que da vida a hombre y el cual acaba devolviéndosela con sus restos mortales.

jueves, 13 de marzo de 2014

LITERATURA NORTEAMERICANA DE LOS AÑOS 20

LITERATURA NORTEAMERICANA DE LOS AÑOS 20: La generación perdida y el Renacimiento de Harlem.

(Resumen y selección de los temas a partir de los datos proporcionados en aula global, las clases magistrales y otras fuentes)

Los comienzos de los años XX en Estados Unidos constituyeron una época de optimismo y desenfreno. Durante los años precedentes se había experimentado un gran crecimiento industrial y la agricultura y el mercado aumentaron considerablemente. Estos años se caracterizaban por un consumismo feroz, se producía en masa y se consumía en masa, el sueño americano se veía cumplido. Este optimismo sin embargo, se vio sorprendido por los efectos devastadores de la Gran Depresión. El 29 de octubre de 1929, el “Martes negro” la bolsa sufrió una caída que condujo al desastre. El desempleo aumentó hasta en un 25% y sectores como el de la construcción se vieron gravemente afectados, no siendo hasta finales de los años 30 aproximadamente cuando comenzó a verse una recuperación.

No obstante, incluso durante los años de la Gran Depresión, los americanos producían y consumían más bienes, incluyendo productos manufacturados, que cualquier otro pueblo del mundo. El ideal del individualista rudo y autosuficiente de la tradición de la frontera americana sucumbió ante el ideal del empleado leal. Gradualmente, la propia producción masiva llegó a ser uno de los principales incentivos de la capacidad de invención americana. Las ansiedades sobre el anonimato de la vida industrial urbana se intensificaron por la presencia del trabajador sin rostro de la cadena de producción. Pronto los trabajadores se hicieron tan intercambiables como las partes que ensamblaban.

Así pues, ante este panorama, muchos autores comenzaron a plasmar su desilusión en la literatura originándose un nuevo movimiento literario conocido como “La generación perdida”. Algunos quedaron tan desilusionados por el materialismo imperante en la cultura americana en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial que se fueron a Europa: Ezra Pound, T. S. Eliot, E. E. Cummings, F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway o Gertrude Stein. Una de las principales revistas del período, The Seven Arts, presentó a muchas de las nuevas voces literarias: Sherwood Anderson, John Dos Passos, Robert Frost, Emy Lowell, etc. Otra revista fundamental sería The Dial, en la que publicaron T. S. Eliot, Marianne Moore, Thomas Mann, W.B. Yeats o Jules Romains. La Generación perdida muestra en muchas de sus obras lo efectos de la Gran depresión como bien podemos ver en Las uvas de la ira de Steinbeck o El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald.

Hay que destacar por un momento que en 1920, 7 de cada 10 hogares en los Estados Unidos tenían electricidad, lo que suponía una extraordinaria modificación de los hábitos, incluidos los de la lectura, gracias al mayor tiempo de luz y a la posibilidad de disponer de mayor tiempo de ocio: lavadora, cocina, nevera, plancha, aspirador, etc. Pero sobretodo supuso un cambio para las mujeres, que entraron a formar parte de la fuerza urbana laboral en número considerable durante las primeras cuatro décadas del siglo XX. La ciudad era la frontera para las mujeres americanas y la oficina fue lo que les dio la independencia económica y la oportunidad de seguir su propio camino.
Sin embargo, las mujeres pronto se vieron tan confinadas a la máquina de escribir como los hombres lo habían estado al arado.

Dentro del propio país se producirá una emigración que provocará la concentración en ciertas ciudades como Chicago. Tiene lugar la marcha de blancos del capo, tradicionales y otro tipo de emigración, la de la población negra del sur. Los negros americanos salían incluso peor parados en los medios de comunicación populares que las mujeres, quedando relegados a funciones serviles de criados. La segregación les obligó en su mayoría a vivir en suburbios y trabajar en tareas serviles y mal pagadas -porteros, limpiabotas, lavaplatos-. Estas circunstancias se evocan en la obra de numerosos escritores negros, como Richard Whright (Hijo nativo, 1940; Muchacho negro, 1945) o en la poesía de Langston Hughes. Mientras la población blanca abandonaba Harlem, miles de negros se instalaban, trayendo consigo una rica tradición cultural que se expresó en formas musicales como el Jazz pero también en la poesía y la prosa del Renacimiento de Harlem

Indagación en los movimientos literarios: La generación perdida y El renacimiento de Harlem.

En estos años habían publicado una parte importante de su obra escritores como Robert Frost, Wallace Stevens, Sherwood Anderson, T.S. Eliot, Eugene O’Neill, etc. Es evidente la frustración que produjo la 1ª Guerra Mundial, como se aprecia en la obra de los más jóvenes: E. Hemingway, Dos Passos, Faulkner, entre otros. Los veteranos de la guerra, todos los tristes jóvenes, podrían mostrarse de acuerdo con la sombría descripción que hace Eliot del mundo contemporáneo en La tierra baldía (1922). Son llamativos los casos de corrupción que aparecen en novelas como El gran Gatsby (1925) o Petróleo (1927). La emigración a Francia en los primeros años 20 tenía poco en común con las búsquedas alunadas de los peregrinos literarios del siglo XIX, para ellos, América era siempre la patria, un lugar de posibilidades.


La generación posterior a autores como Harriet Beecher Stowe, Mark Twain o Emily Dickinson procedería en gran parte del medio Oeste, como G. Stein, E. Hemingway, T.S. Eliot, Sinclair Lewis, Scott Fitzgerald, S. Anderson, etc. Inicialmente, todos ellos fueron escritores especialmente preocupados por la tierra. Quizás podrían destacarse novelas y relatos como los de Sherwood Anderson y E. Hemingway -Winesburg, Ohio (1919); En nuestro tiempo (1925).
En cuanto al Sur, destacaría la presencia de W. Faulkner, en cierto modo sucesor de E. A. Poe, quien había prefigurado la ruina del sur en “la caída de la casa Usher”. Entre sus títulos fundamentales, habría que citar El ruido y la furia o Mientras agonizo.


LITERATURA AFRO-AMERICANA: El Renacimiento de Harlem

El Renacimiento de Harlem, bautizado originalmente como Nuevo Movimiento Negro, consistió en un florecimiento de la literatura y el arte afroamericanos en el barrio neoyorquino de Harlem allá por los años veinte y principios de los treinta del siglo XX. Las bases de este renacimiento las pusieron los millones de negros sureños recién liberados de la esclavitud y que sufrieron también la dureza de la reconstrucción de principios del XIX. Gran parte de los cimientos del Renacimiento de Harlem la puso el historiador y sociólogo afroamericano W. E. B. DuBois, famoso por su tratado sociológico The soul of black folk (1903) y por el papel que desempeñó en la creación de la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People. DuBois impuso un nuevo tipo de conciencia cultural y orgullo negros, inspirando a una generación de jóvenes escritores y artistas para que generaran una voz propia afroamericana.
El Renacimiento de Harlem tuvo un esplendor particularmente notable en términos poéticos. Langston Hughes, incorporó a sus obras los ritmos del entonces nuevo y floreciente género musical, el jazz. Esos vínculos entre música y literatura resultaban inextricables en este movimiento: grandes figuras de ambos campos se inspiraron mutuamente a lo largo de su vida artística. En los años treinta, el Renacimiento de Harlem fue apagándose al golpear con especial dureza la Gran Depresión a la comunidad negra de Nueva York.
Es decir, hasta este alzamiento de las figuras artísticas afroamericanas, la figura del negro se veía trasladada a una despreciación (véase tarzán, 1914). En todo caso, lo importante es que la figura del negro era algo que venía dado desde la perspectiva del hombre blanco. A partir de entonces, la población negra reivindicaría su propia historia, contada por ellos mismos.


lunes, 10 de marzo de 2014

Pesimismo y/o realidad. "Noches blancas" De Dostoievski.

San Petersburgo. 00:00h
Siempre he pensado en el atardecer como el momento más lúgubre y melancólico del día, más que la noche, más que el amanecer. Entonces supe de las noches blancas.
Las noches blancas son un fenómeno que tiene lugar durante el solsticio de verano en ciudades como San Petersburgo. En esta época, el amanecer de la ciudad se funde prácticamente con el atardecer por lo que la luz es permanente durante la noche. El resultado son paseos nocturnos a la luz del atardecer y sueños que empiezan y acaban sin haber visto una sola estrella.

Sin embargo y, a pesar de la fuerza de este fenómeno para transmitir el sentimiento que a uno le invade al leer la novela del ruso Fiodor Dostoievski, no es necesario conocer la existencia de estas noches blancas para adentrarse en el ambiente solitario y melancólico de nuestro protagonista. Nuestro, porque el narrador personaje, que es el protagonista de la historia despierta la comprensión y el afecto del lector o al menos así lo hizo conmigo. Y esto lo consigue porque es un soñador. Ansía la llegada de la noche para admirar un techo con telarañas que repudia, con una mujer que intenta limpiarlas sin éxito y en una casa con paredes verdes ancianas, a las que también repudia. Ansía la llegada de la noche porque es el momento de soñar, de imaginar una vida brillante y rebosante de dicha, de sonrisas, de amor. Una vida que no ha tenido, tiene y, difícilmente tendrá.

“Soy un soñador, y tan poco apto para la vida real, que me precisa volver a vivir en mis sueños momentos tan felices como estos”

No pude evitar acordarme del personaje de “Memorias del subsuelo”, también de Dostoievski, en la que los monólogos pesimistas y auto-hirientes plagan esta brillante novela que podría dejar a mucha otras obras de reflexión filosófica en una estantería a la altura del suelo. Ambos, tanto el hombre del subsuelo como el soñador enamorado de San Petersburgo, son seres alienados, desubicados. Nuestro protagonista recurre a la tercera persona para hablar de sí mismo ante Nachtenka, su única enamorada. Les cuesta encontrar el sentido a la vida o en su defecto, a las personas que habitan en él, a veces incluyéndose a sí mismos. A veces incluso encuentran placer en la pesadumbre y la melancolía y, al fin y al cabo es ahí donde viven.



“¡Otro ensueño! ¡Otra nueva dicha! Vuelve a absorber el veneno del placer refinado. ¡Qué le importa nuestra vida real! ¿Vivimos tan poco, tan lentamente, con tal monotonía!”

Como he mencionado antes, no es difícil empatizar con nuestro protagonista. Esta novela fue publicada aproximadamente en 1848 y llegó a mis manos hace algo más de un año. El existencialismo, sin embargo, no pasa de moda y los soñadores aún menos. Desde hace un tiempo vivimos en un mundo en el que cuesta cumplir sueños, diría incluso que ya ni siquiera tenemos sueños porque nos hacen olvidar que podemos tenerlos. No es de extrañar entonces, que al llegar la noche aguardemos impacientes el momento de tumbarnos sobre el colchón, mirar a un techo cada vez más oscuro y pensar qué podríamos tener, con quién podríamos estar, qué podríamos ser.

No obstante no todo es negro. Un día en la rutinaria y monótona vida de nuestro amigo, un suceso inesperado hace acto de presencia. Es una mujer, Nachtenka. La historia de ambos personajes se sucede en cuatro noches en las que ambos intercambian sus historias y a través de los habituales monólogos en las obras del autor ruso, la personalidad de ambos deja de ser un secreto para ellos y para el lector. Él acaba enamorándose de la única mujer con la que ha tenido un contacto tan cercano y ella, acaba con el hombre del que lleva más de un año enamorada.
“El porvenir se me apareció, quince años después, en esta misma habitación, tan solitario como ahora, en mi vejez”

Entonces, ¿Es nuestro soñador un pesimista, un ignorante que se obceca en ver el mundo a través de nubes negras o es por el contrario uno de los pocos que lo han conocido con su verdadera cara, cuando no se viste con trapos primaverales y sonrisas de colores, haciendo de su propia vida un molde acorde con él?

No todo es negro, o quizás si. Porque el blanco que Nachtenka vertió sobre la vida de nuestro amigo sin nombre fue demasiado efímero como para hacer de este negro un gris. Se me ocurre que posiblemente no exista la luz permanente plagada de blancos que nos mantenga en un estado de felicidad eterno, porque si algo tiene la felicidad, es que existe porque desaparece siempre.
Es posible que algún día aprendamos a vivir de pequeños momentos de blancura que no lleguen a mezclarse con el negro para apaciguarlo, sino que vengan y vayan. Es posible que algún día dejemos de buscar un hogar en el blanco y si lo hacemos, mejor que sea en sueños que al menos ahí tenemos libertad.



“¡Dios mío, un instante de felicidad no basta a una vida humana!”

lunes, 3 de marzo de 2014

Se nos ha olvidado vivir


Se nos ha olvidado vivir. Y digo que se nos ha olvidado porque me gusta pensar que hubo un día en el que supimos hacerlo, aunque ya nadie lo recuerde. Aunque ni si quiera yo, que he nacido sin saber cómo se vive, tenga la certeza de que alguna vez lo supimos, de que alguna vez fuimos en lugar de dejarnos ser.

Recurro a pensar esto con frecuencia como si a fuerza de repetirlo se me ocurriera una solución, pero me cuesta pensar que la hay. No es pesimismo, sino años de cuatro paredes, de puertas que solo se abren para poder ser cerradas, de rojos que se creen superiores a azules y de caminos que van a sitios en lugar de tan sólo ir. Y mientras pienso me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí. ¿Cómo nos hemos dejado?

Recurro a pensar esto porque me reconforta saber que en el fondo soy consciente de que nos hemos dejado ser, que no hemos elegido sino que nos han hecho elegir y de que en realidad sé que no estamos yendo sino que nos están llevando con riendas que nos arrastran y levantan el polvo, que nos hacen daño y que suenan cuando se retuercen. Y aun así son tan imperceptibles como el deseo de escapar de ellas, o aún peor, como la voluntad de hacerlo. Es tan vago y vano saber lo que nos pasa e ignorarlo que el simple hecho de escribirlo le quita aún más valor. Pero las leyes están también escritas y nadie ríe cuando las lee. Es más, nos atrevemos a respetarlas, a darles un valor del que ni siquiera conocemos su naturaleza, a cumplirlas, pero lo peor de todo, lo imperdonable es que al final creemos que son nuestras. Creemos que las creemos y creemos que las queremos.
No acaba aquí sin embargo. Lo que verdaderamente ha de asustarnos no es aquello que está escrito. Lo que nos puede matar y nos está matando es lo que nunca se dice, se escribe, se pinta o peor, se piensa. Porque nunca lo hacemos, y es precisamente eso lo que nos puede salvar.
Y es que nos han desenseñado a ser. Yo sé que algún día supe ser, tanto como se que ya no se ser. Tanto como que todo está construido para que nos cueste ser.
Y me encuentro en ese punto preguntándome por qué no me pregunté todo esto antes. Tampoco me enseñaron a preguntarme. Sólo me enseñaron a preguntar a los demás. Y cuando preguntas a los demás escuchas tan sólo eso, lo que dicen los demás. Y al final lo tomas por ley. Esa misma ley que acaba en unas páginas que creemos que creemos y que creemos que queremos.

A pesar del pesimismo de estas líneas, me resisto a pensar que ya es tarde  para elegir la dirección de las líneas del cuadro. Sin embargo y, sin saberlo, muchos no podrán hacerlo, precisamente porque no les enseñaron a preguntarse y desconocen que esas no son sus líneas y que ellos tan sólo pusieron el pincel.

Por eso y ante la duda, digo: Preguntemos menos, y preguntémonos más.